Ahora más que nunca

Continúo en este mes mis reflexiones sobre la crisis iniciada en la escalera de octubre sobre la crisis que nos ocupa y nos preocupa.
Parece, al menos eso dicen todos los entendidos, que la crisis es financiera, debido a que unos cuantos bancos y banqueros aprovechados y egoístas en Estados Unidos quisieron ganar cada vez más a costa de comprar lo que ahora llaman activos fallidos y que no supuso sino otorgar millones de créditos sin respaldo que les garantizara a cambio de obtener altas tasas de rendimiento. A esto se le ha venido llamando hipotecas subprime y consistía en captar a un tipo de clientes, los “ninja” (no income, no job, no assets) o sea, personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo y sin propiedades. A estas personas al borde de la exclusión, los bancos decidieron cobrarles más intereses, porque había más riesgo (¿no recuerda esto un poco a la usura?) Además, llenos de entusiasmo, decidieron conceder créditos hipotecarios por un valor superior al valor de la casa que compraba el ninja, porque, con el citado boom inmobiliario, esa casa, en pocos meses, valdría más que la cantidad dada en préstamo.

Sin embargo todo esto se ha venido abajo. Y nos arrastra a los demás.
A mí me han enseñado que la palabra crisis, en su etimología significa cambio. Y cambio significa oportunidad. Por eso ahora más que nunca veo la oportunidad de cambiar de una vez por todas el marco de referencia de la economía a una economía al servicio de las personas. Si la banca que otorgaba esos préstamos sin garantías hubiera aprendido de la Banca de los pobres de Bangladesh (que hace lo mismo que ellos, pero sin su finalidad recaudadora y usurera) o de la Banca ética que presta dinero a proyectos emprendedores sin ánimo de lucro y que cambian el mundo…..otro gallo nos estaría cantando.

Quizás la arrogancia de los grandes banqueros de la city/wall street les impide aprender de los que hacen economía sin pensar en su propio bolsillo: ¡qué pena! Esta banca ética que presta dinero a los que no lo tienen ni tienen con que garantizarlo (al menos en el lenguaje común, porque garantías tienen pero de otro tipo) tiene índices de morosidad e impagos muy por debajo de lo que la banca convencional tiene. Y todo porque, al otorgar crédito, lo que otorgan es confianza. Cuando esta banca presta dinero a un «ninja» no ve en él a una fuente de dinero rápido al que ahogar y acogotar si no paga y al que debido a su situación desesperada puede ofrecer créditos caros. No, cuando esta banca da crédito a un «ninja» ve en él a una persona digna de confianza, a alguien en quien confiar. Es cierto que en un mundo basado en la posesión de las cosas, la garantía que da la confianza puede sonar romántica e irreal, pero mi experiencia me dice que cuando a una persona excluida del mercado del crédito convencional (o sea, indigno de confianza), el que una institución como la banca ética y todo lo que se mueve alrededor de ella confíe en ella supone una garantía de devolución. Como una vez me dijo uno de ellos “te doy mi palabra de gitano de que el dinero se devolverá”.

Ahora más que nunca, el honor, la confianza, el creer en las personas y sus proyectos deberían ser sin duda el nuevo paradigma, los nuevos valores que rijan un nuevo sistema económico mundial: Ahora más que nunca la banca ética, el comercio justo, la economía social son muy necesarias.

ballesteros@cee.upcomillas.es

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