No se vende… por ahora

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Decía el maestro Sampedro: «El mercado no es la libertad: vaya usted al mercado sin dinero a ver la libertad que tiene», ¡y cuánta razón tenía! Cae en mis manos en estos días un articulillo que cuenta unas cosas que le dan toda la razón a este economista y escritor recién fallecido y que asustan -a mí al menos me asustan- y que, de paso, me soluciona el escribir esta columna de inicio del verano, pues proporciona mucho material para la reflexión.
Pensemos en cosas que no están hoy en día a la venta. Y pensemos si podrían estarlo. Y luego llevémonos las manos a la cabeza. Allá van algunos ejemplos. Todos reales, provenientes de fuentes fiables y comprobadas y que a mí, al menos, ni se me pasaba por la mente que pudieran estar al libre albedrío de la oferta y la demanda:

• En China se venden unos llaveros, compuestos de una bolsita de plástico cerrada herméticamente con animalitos –un pez, una tortuga– vivos. Duran una semana o dos, porque son alimentados por unas proteínas disueltas en el agua…. y luego se mueren. Cuestan alrededor de un euro.

• En Santa Ana, California, algunos presos pueden pagar 90 dólares por noche al Estado para obtener una celda privada, limpia y sin presos latosos que te molesten y te disturben mientras cumples condena.

• En varias ciudades (de Estados Unidos) hay un carril de entrada a las ciudades para vehículos de alta ocupación (como en Madrid, por ejemplo). Si pagas 8€ puedes usarlo aunque vayas solo. En Madrid, por cierto, el cálculo es otro: el conductor insolidario calcula la probabilidad de ser multado (los controles a la entrada son aleatorios), lo compara con el importe de la multa ¡y le compensa!

• En Estados Unidos, si pagas entre 1.500 y 2.500 dólares al año tienes el derecho a disponer del número de teléfono privado de tu médico, que te atiende inmediatamente dejando cualquier cosa que esté haciendo en ese momento. (economía del miedo la llaman).

• Madres de alquiler en la India: 800 dólares por gestar un bebé para parejas que no pueden tenerlos.

• Derecho a inmigrar a Estados Unidos: una inversión de 500.000 dólares y crear 10 puestos de trabajo (directos o indirectos). En España pasa algo parecido.

• Un casino pagó 10.00 dólares a una madre soltera y desempleada por tatuarse de forma permanente en su frente la dirección web de la empresa de juego. Así pudo pagar la escolarización de su hijo. Supongo que si los tatuajes fueran temporales el precio sería diferente y supongo que no todas las partes del cuerpo costarán lo mismo.

• Dependiendo de lo invasivo, arriesgado e incomodo del test, algunos laboratorios farmacéuticos llegan a pagar 7.500 € por hacer de cobaya humana. Este ejemplo me parece estúpido, sobre todo cuando hay mil millones de personas en extrema pobreza que lo harían casi gratis (no, no me llaméis bruto, recordad la novela/película El jardinero fiel).

• Hacer cola en nombre de otra persona, de esas que duran noches, para sacar entradas para un partido de futbol, matricularse en la universidad y elegir turno o asignatura optativa de esas que se acaban pronto: de 15 a 20 € la noche (algunos contratan personas sin techo para esto).

• Un colegio de Dallas paga a sus alumnos ¡de primaria! dos dólares cuando demuestran que se han leído un libro. Esto mejor no lo comento, que la dirección de alandar no aceptaría el vocabulario que me sugiere tal practica.

Algunos ejemplo son extremos, otros nunca llegarían (espero) a poder ponerse en práctica en nuestro país. Otros ya están llegando y os recuerdo que la creatividad humana, más si es española y la llamamos picaresca, no tiene límites. Hoy he oído en la radio que a un paciente de Cuenca le han hecho devolver la prótesis de su rodilla por no poder pagarla, una vez implantada. Y no he podido dejar de mirar en ese momento a mi codo reparado de titanio (valorado, creo, en más de 6.000€)…

El mercado, retomando a Sampedro, no nos hace ni libres, ni justos, ni más felices. Y hay cosas que son invendibles, que no se pueden comerciar… No me imagino una puesta de sol patrocinada por una marca comercial o una ola del mar con publicidad en su cresta. Pero claro, tampoco sospechaba que fueran reales los ejemplos que os he contado, ni que en nuestro país habría que pagar por recibir educación, sanidad, atención social…

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