Feliz Navidad y adiós

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pag10_evangelio_web-30.jpgLlevo ya cinco años escribiendo esta pequeña columna en alandar. No he fallado ni un mes. Y creo que va llegando el tiempo de dejar el relevo a otro. El objetivo de la columna fue, desde el principio, señalar a la Palabra que escuchamos domingo a domingo en la liturgia.

Durante estos cinco años he tenido el atrevimiento de poner mis palabras al lado de la Palabra. He tratado de sacarle punta, de descubrir qué nos dice esa Palabra a los cristianos y cristianas de hoy, a quienes nos enfrentamos a los problemas cotidianos pero con el compromiso de trabajar por un mundo mejor. Cuando escribía, tenía presente a las personas cristianas que no se conforman con ir a misa sino que siguen obsesionadas con el Reino, que piensan que es posible. Y que están convencidas de que trabajar por hacerlo presente en nuestro mundo no es un objetivo utópico sino algo que hay que ir haciendo día a día. Pensaba en la mucha gente que se mancha las manos con el barro de la vida y de la historia. Pensaba en las personas de la Iglesia que no cejan en su compromiso a pesar de los pesares. Y que, aunque la tarea no sea fácil y haya quienes se encargan, dentro y fuera de la Iglesia, de hacerla más difícil, no se desilusionan y siguen en el empeño. Y todo eso con una gran amplitud de miras, con un corazón grande y agradecido, con una gran capacidad para la tolerancia, para la misericordia, para el perdón. Hay mucha gente de esa. Más de la que imaginamos.

Espero, al final de este caminar, que mis palabras no hayan estorbado a la Palabra ni a su escucha. Y deseo, es mi deseo más fuerte, que mis palabras hayan despertado la sed de la Palabra y hayan animado a los lectores y lectoras a ir directamente a la Palabra, a leerla, a meditarla, a orarla. Y luego a salir a la calle y a la vida para tratar de hacerla vida, experiencia, encuentro, perdón, salvación, curación y vida para este mundo en el que la muerte y el dolor sin sentido abundan demasiado.

Me despido con diciembre. Adviento y Navidad. La Encarnación: el gran misterio del Dios que se hace carne, que se mete en nuestras entretelas y se hace como nosotros y nosotras. La Iglesia se hace en la celebración de la Eucaristía, pero con la condición de que se mantengan siempre las puertas abiertas para que el templo sea calle y la calle sea nuestro templo. Para que el pan de la Palabra y de la Vida llegue a todos. Y nadie se quede excluido de la mesa de la Palabra y del pan y el vino, que es signo de la mesa mayor del Reino.

Feliz Navidad para todos y todas. Es tiempo de esperanza, de hacer un alto en el camino para descubrir que el Dios-con-nosotros, el Emmanuel, sigue con nosotros. Y que el Reino, su sueño y el nuestro, sigue valiendo la pena.

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