por Carlos Ballesteros @revolucionde7a9

El mercado, nosotros y nosotras, los y las lectoras de Alandar, no somos títeres, no somos tontos.

La frase de Rodrigo Rato (Vicepresidente del gobierno, Ministro, Banquero, Director del FMI… y actualmente cumpliendo condena en la cárcel) dicha en la comisión de investigación del Congreso de los Diputados que analizaba la crisis financiera es la mejor que he podido encontrar para comenzar esta andadura, esta nueva andadura alandariega desde una nueva tribuna en la que hablaré exclusivamente de economía. Sí, efectivamente. Es el mercado, amigo, el que nos sirve de explicación y excusa para nuestras actuaciones económicas. El mercado, que son las personas que madrugan, que trabajan cuando tienen trabajo, que van a la compra cuando tienen la nevera vacía, que tratan de ahorrar lo que pueden y que se duermen rendidos frente al televisor todas las noches después de hacer los deberes con sus hijos e hijas, es quien manda en la economía y sus devenires. No las empresas del IBEx35, no los fondos de inversión, buitres o no; ni las multinacionales del consumo que nos dan de desayunar, nos visten y que, gracias a ellas, podemos comunicarnos con el resto del mundo. La culpa es del mercado y no de quien lo sirve.

Ya lo dijo el Cid en su cantar: “¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!” El mercado, nosotros y nosotras, los y las lectoras de Alandar, no somos títeres, no somos tontos. Sabemos lo que queremos, lo que nos mueve y lo que pedimos: pedimos empresas responsables, alineadas con las necesidades de las personas, con planteamientos éticos, con buenas políticas respecto a sus proveedores y condiciones laborales dignas; con un respeto y un cuidado proactivo del medio ambiente. Pedimos empresas que no nos engañen. Que ganen dinero, pero sin un afán de lucro excesivo ni a costa de las cosas que, a nosotros, al mercado (amigo), nos parecen imprescindibles y sobre las que no hay renuncia. Son nuestros valores, nuestras creencias y no vamos a renunciar a ellas ni siquiera en nuestro carrito de la compra.

El mercado puede tomar varias posturas: Una, la del avestruz que esconde su cabeza bajo el ala, ajeno a lo que no va con él. Los problemas no dejan de existir por que los escondamos y hagamos oídos sordos. El cambio climático, la desigualdad creciente, el papel secundario y casi despreciable de los cuidados y el mantenimiento de la vida, la soledad de las personas mayores… no dejan de estar ahí aunque las empresas (el mercado) no quiera hacerlo caso. El negacionismo no es por lo tanto una postura aceptable. La segunda, la liberal, sentido último y quizás el que quiso decir Rato, tampoco es admisible. Cuando se deja todo al albur de la demanda y la oferta en el corto plazo empiezan los abusos, las injusticias y la creación de desigualdad. Entonces es necesario que intervengan otras fuerzas, pues la mano invisible del mercado que dijo Adam Smith para referirse a la autorregulación no existe o, al menos, no ha demostrado ser capaz de corregir los malos funcionamientos.

¿Entonces? Quedan tres posibilidades. La destructiva, incluso violenta, que me niego a contemplar. La responsable que de manera más o menos generalizada trata de reparar y restaurar lo que no funciona, demandando empresas con sellos justos y ecológicos, productos sin envases de plástico o coches eléctricos. No pone tanto en duda de una economía basada en el sistema de oferta y demanda que se encuentra en el precio considerado justo por comprados y vendedores como el que la oferta se adapte a demandas responsables. Por último, existe una postura reformista que trata de innovar, de crea nuevos modelos –colaborativos, compartidos- Un cambio de paradigma económico, de sistema. A esta última, y a veces a la responsable, es la que esta nueva columna de Alandar viene a dar voz, respuesta, sitio y reflexión.