«Las dimensiones de la pobreza global siguen siendo escandalosas»

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- Pablo Martínez Osés reflexionó sobre pobreza y cooperación en el Foro Gogoa.Pablo Martínez Osés fue secretario de la Plataforma 0’7% para la Ayuda al Desarrollo, coordinador de la Campaña Pobreza Cero y miembro del Consejo de Cooperación del Estado. Ahora es secretario técnico de la Plataforma “2015 y más”, que pretende una Agenda Internacional Transformadora de la realidad mundial.

Al terminar 2015, ¿se van a cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio?

No. Vemos que no se cumplirán ni los 60 indicadores, ni las 21 metas propuestas. Ahora mismo el 74% de los indicadores presentan retrasos y, si tomamos las metas en términos mundiales, sólo se habrá cumplido una de las metas.

¿Es la que se refiere a la se refiere a reducir la pobreza?

Es la que pretendía reducir a la mitad la proporción de personas que en el año 1990 vivían en pobreza extrema, con una renta de menos de un dólar al día. Efectivamente ese porcentaje quedará reducido, en términos mundiales, de un 43% a un 22’1%. Pero esa meta no se cumplirá, “desagregadamente”, para ninguna de las regiones o subregiones del mundo, salvo la excepción de China, país donde, en 1990 el 60’2% de la población vivía con menos de un dólar diario y, en 2015, habrá un 12’5% en esa situación. En África Subsahariana el porcentaje de pobreza extrema ha pasado de un 57% de personas viviendo en pobreza absoluta a un 47%, aunque en valores absolutos ahora haya 15 millones más de personas pobres en la región. Las dimensiones de la pobreza mundial siguen siendo escandalosas y cada vez hay más distancia entre los más pobres y los más ricos.

¿Está variando la geografía de la pobreza?

Tres cuartas de partes de la población mundial en pobreza extrema, unos 850 millones de personas viven ya en los llamados países emergentes. Y en esos mismos países, cuya economía viene creciendo a un ritmo del 7% anual, viven las cuatro quintas partes de todos los pobres del mundo. Está aumentando mucho la pobreza entre quienes ahora las instituciones internacionales llaman “las clases medias de los países emergentes”, que son prácticamente la mitad de la población del planeta. Para la OCDE, pertenecen a esas clases medias las personas que tienen una renta diaria de entre dos y diez dólares diarios. En España prácticamente nadie vive con menos de diez dólares diarios de renta.

¿Cómo crece la desigualdad?

Los índices de desigualdad global presentan una curva ascendente como jamás se había conocido en la historia de la humanidad. Y, en los últimos 30 años, ha aumentado la desigualdad interna en prácticamente todos los países del mundo, excepto en varios de América Latina en los que, mediante políticas redistributivas, se ha conseguido mejorar, llegando a un nivel de desigualdad semejante al que había en 1980. Pero en los Estados Unidos se ha pasado de un 30% a un 40% de desigualdad en la renta y los 30 países de la OCDE han pasado de un 28% a un 31%. En China la desigualdad ha crecido de 28 a 48 puntos. Y, en el mundo entero, los 25 millones de personas más ricas disponen de una renta equivalente a la que corresponde a los 2.000 millones más pobres.

¿Por qué ha disminuido la ayuda al desarrollo?

En 2001, a partir del 11S en EEUU y con la intención de “luchar contra el terrorismo”, hubo un fuerte desplazamiento de fondos, que antes se dedicaban a cooperación, hacia políticas de seguridad: en el año 2005 los dos países que más ayuda recibieron para la cancelación de su deuda fueron Irak y Afganistán. En el año 2003 los países donantes agrupados en el CAD firmaron los Acuerdos de París para mejorar la eficacia de la ayuda e intentar cumplir los Objetivos del Milenio. La reunión de Busan (Corea) en 2011 supuso el desmantelamiento del Sistema Internacional de Ayuda tal y como se conocía.

¿Qué cambios ha supuesto la Conferencia de Busan?

Se obvió el incumplimiento de los ODM, se dio entrada a los países emergentes como nuevos donantes y, a la par, además de la sociedad civil, apareció una nueva gran Asociación de Actores Privados (sobre todo empresas de los sectores alimentario, energético y financiero) que pretendían legitimarse como “agentes de desarrollo” y tomar parte en la configuración de la Agenda Internacional: el documento final de Busan supone un retroceso y la falaz pretensión de identificar el desarrollo con el crecimiento económico.

¿Cómo ha influido la crisis financiera mundial?

Tras la crisis financiera de 2008 los gobiernos de los estados han perdido todavía más poder en el mundo globalizado y quienes se desentendieron de los compromisos para luchar contra la pobreza no tardaron más que una semana en aportar grandes cantidades de dinero público para salvar a la banca privada: el gobierno de EEUU contribuyó con 700.000 millones de dólares y el gobierno de nuestro país con 40.000 millones de euros, cantidad esta última mayor que todo el dinero que España se había comprometido a aportar durante 15 años para el cumplimiento de los ODM. En España las políticas públicas de cooperación han sido desmanteladas.

¿Qué ha pasado con las ONGD?

Las ONG de desarrollo han hecho bastantes cosas bien. Singularmente una buena tarea de educación para el desarrollo y lograr una capacidad de penetración en la instituciones públicas mucho mayor que la de las ONG de acción social. Pero, en general y durante los últimos años, se desnaturalizaron, se despolitizaron, se convirtieron en gestoras de servicios y pretendieron ser neutrales y llevarse bien con todas las administraciones y con todos los medios de comunicación. Es preciso que retomen sus objetivos fundacionales, que se repoliticen, que arriesguen, que salgan más al espacio público y trabajen en alianza estrecha con los movimientos sociales para transformar estructuras y realidades injustas. Lo relevante no es su tamaño, sino su articulación política, porque el capital sabe que puede hacer, de manera “más barata y más bonita”, muchas de las tareas que han hecho las ONGD.

¿Qué contenidos ha de tener la nueva agenda política internacional?

Tres grandes cuestiones prioritarias. La primera es la sostenibilidad, porque un modelo de desarrollo no sostenible hace que no sea universalizable y eso significa, entre otras, cosas optar por energías renovables y repartir el trabajo disponible. La segunda es combatir la desigualdad de renta en un mundo en que los estados y la Unión Europea han perdido poder y se pliegan a los intereses neoliberales. Y la tercera es restaurar un nuevo compromiso de democracia, participación y ciudadanía organizada.

¿Cómo lograr todo eso?

No hay recetas. Pero el camino indica que hay que repolitizarse, crear alianzas, ir allá donde se encuentra la gente y arriesgar para conseguir poder. Y el poder consiste en la capacidad efectiva de que nuestros intereses particulares formen parte de la agenda política pública.

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