Pan para hoy

  • por

Foto. Charles Fred.Los medios de comunicación nos relatan todas las iniciativas que gobiernos, instituciones y ONG occidentales realizan para ayudar a los millones de personas afectadas por la hambruna que asola el Cuerno de África. Es muy loable que la solidaridad humana se desate, en momentos tan cruciales, para salvar la vida de tantos seres humanos.
Lo que las noticias que nos informan no cuentan es que en el propio continente también se están movilizando para poner fin a esta terrible situación. Así, los gobiernos e instituciones africanos han prometido donar 350 millones de dólares para contribuir a paliar la hambruna; y por toda África surgen iniciativas privadas para recaudar fondos con el mismo fin. Un ejemplo de esto es el que encontramos en Kenia donde la organización Kenyans for Kenya (www.kenyans4kenya.co.ke) ya ha reunido unos diez millones de dólares a través de pequeñas donaciones realizadas por miles de ciudadanos.

Otro ejemplo lo aporta la fundación sudafricana Gift of givers (www.giftofthegivers.org) que ha podido donar, hasta el momento, más de 500 toneladas de alimentos y se está preparando para enviar equipos médicos, materiales y ayuda al hospital Banadir, el más grande de Mogadiscio.

Aunque la ocasión sea triste, es bonito ver cómo los propios africanos se implican, cada vez más, para solucionar los problemas que surgen en su propio continente.

También es importante reconocer el gran esfuerzo que toda la zona está haciendo al acoger, en campos de refugiados, a miles de personas que huyen del hambre y de una muerte segura. Esto supone una gran presión social, económica y medioambiental para países como Kenia o Etiopía.

Pero es que además, son los estados africanos los que están contribuyendo con tropas y logística a la misión de paz de la Unión Africana en Somalia, AMISOM, gracias a la cual, en las últimas semanas, el aeropuerto y el puerto de la capital han podido abrirse a la ayuda humanitaria.

Debemos alabar todo este esfuerzo africano, al igual que el del resto de la comunidad internacional. Gracias a estas iniciativas se podrán salvar las vidas de muchas personas; hasta que llegue la próxima hambruna y tengamos que volver a movilizarnos, porque, como tantas otras veces, se están poniendo parches sobre el terreno (muy necesarios, en la presente situación) sin atacar las causas que provocan tantas muertes.

Las sequías son cíclicas en la zona y, aunque suponen un momento duro para la población, no se las puede culpar, a ellas solas, de ser el origen de la situación actual. Posiblemente las guerras y los malos gobiernos hayan influido mucho más que el clima, como también la especulación que realizan los inversores con los productos de primera necesidad, lo que está llevando a que los alimentos básicos alcancen precios astronómicos en todo el continente.

Algunos países intentan prevenir este tipo de escenarios poniendo en práctica la Declaración de Maputo, a través de la cual los estados africanos se comprometieron, en 1997, a invertir el 10% de sus presupuestos en agricultura. Curiosamente, los gobiernos que están implementando esta resolución son todos democráticos. Esto afianza la afirmación del economista indio Amartya Sen: “Las hambrunas no se dan en democracias”.

Por eso, una vez que pase la emergencia, deberíamos dirigir nuestros esfuerzos a la prevención, ayudando a la eliminación de las dictaduras y las guerras y fomentando políticas que garanticen la autosuficiencia alimentaria de todos los países del continente.

Últimas entradas de Colaboración (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.