Una herramienta de transparencia en la ayuda al desarrollo

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Nos hemos quedado muy lejos de la meta del 0'7. El pasado mes de enero Intermón-Oxfam, una organización que trabaja el desarrollo en España y en el mundo, celebraba los 20 años del lanzamiento de La Realidad de la Ayuda. Desde ese primer número, el informe anual se convirtió en una magnífica herramienta de control ciudadano, ya que daba cifras y desmenuzaba con datos la cantidad y calidad que el Gobierno destinaba a Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Dinero que salía de los y las contribuyentes gracias a su deseo expresado con una cruz en la declaración de la renta.

Antes de que hubiera mecanismos de seguimiento de las políticas públicas de cooperación, la apuesta de esta entidad estaba dirigida a canalizar esos recursos hacia la mejora de miles de personas que viven en situación de pobreza y sufren las consecuencias de las enormes desigualdades de este mundo. Entre otras cosas, porque es dinero de la ciudadanía española que no debe de ser distribuido de manera arbitraria, sino con transparencia.

La publicación ininterrumpida durante estas dos décadas ha denunciado sin distinción de banderas partidistas, con una mirada rigurosa y exigente, aquellos incumplimientos o avances de los diferentes gobiernos, que no dejaban de reflejar el gran compromiso de nuestra sociedad. Ese compromiso se expresó de manera rotunda en las movilizaciones de la ciudadanía de los años 90, con acampadas y hasta con una forma de presión sin precedentes: una huelga de hambre.

«Una huelga de hambre es una medida radical. Y hacerla hasta el extremo de dejar secuelas para defender un presupuesto y una acción de política pública resulta, cuando menos, chocante. Sin embargo, esto fue lo que hicieron hace dos décadas, coincidiendo con las crisis humanitarias en los Grandes Lagos, un grupo de personas, entre las que se encontraba el jesuita Repullés. Estaban animadas por una movilización sin precedentes a favor del incremento de los recursos de la cooperación al desarrollo hasta el 0’7 % de la RNB (Renta Nacional Bruta). Consideraron que había proporcionalidad entre la injusticia y el sufrimiento de millones de personas que viven en la pobreza extrema y una medida de este tipo. Toda mi admiración, entonces y ahora”, dice José María Vera, director de Oxfam-Intermón.

Y continúa argumentando con admiración: “Hace unas semanas conversé con Pablo Martínez Osés, uno de los huelguistas y adalid del 0’7. Su opinión es que tendrían que haber apretado aún más para conseguir que los fondos destinados a cooperación no solo crecieran en ese momento sino que se blindaran para el futuro, asegurando su correcta orientación”, concluye.

Alguien podría pensar que tanto esfuerzo no está justificado cuando la cooperación se ha vaciado de recursos. España está hoy a la cola de los donantes, con apenas un 0’17 % de la RNB, del que más de la mitad son cuotas obligatorias a la UE, Bancos de Desarrollo y Agencias de Naciones Unidas. En el nivel autonómico solo el Gobierno Vasco y la Junta de Andalucía mantienen compromisos presupuestarios relevantes.

En la segunda legislatura de Zapatero se llegó a destinar el 0’46 por ciento de la RNB a la ayuda al desarrollo. Hoy estamos en los mismos porcentajes que se aportaban en los años noventa, con una disminución de casi un 70% en los últimos cinco años. Pero estas dos décadas, millones de vidas han sido rescatadas de crisis humanitarias por la acción de gobiernos y de las ONGD con capacidad operativa, combinando recursos públicos con las generosas aportaciones privadas.

Los cientos de programas puestos en marcha por ONGD o las agencias internacionales, han servido para fortalecer políticas públicas cruciales como la educación o la sanidad, afianzar instituciones, abrir espacios para la sociedad civil, defender derechos esenciales y apoyar iniciativas innovadoras en la generación de ingresos. La piel y el corazón de muchas personas se han ofrecido a la cooperación al desarrollo como una política imprescindible y de justicia.

Por supuesto, los últimos recortes se han amparado en el déficit, que se ceba siempre contra las mismas personas, usando un discurso que enfrenta a la gente pobre de aquí con la de allí, cuando poco parecen importarle a las administraciones ni una ni otra. Y aquí es donde entra en juego la nueva herramienta de La Realidad de la Ayuda: www.realidadayuda.org. Se ha convertido en un portal donde se comparan cifras de todos estos años, también con países de nuestro entorno, que dejan de manifiesto que España ha sido uno de los países europeos, incluidos los intervenidos por el rescate de la Troika, que más tijera ha metido en este tipo de recursos.

Gracias a este portal podremos analizar qué se ha conseguido, pero también algo muy importante: qué retos tenemos por delante. Una sociedad informada es una sociedad crítica que puede exigir cambios hacia pactos de Estado contra la pobreza y las desigualdades. No toda la cooperación es buena, ni es la única manera de defender valores de dignidad humana y de los derechos de las personas, pero nos empobrecemos como país si le damos la espalda a la pobreza extrema y la encrucijada que como humanidad deberíamos priorizar con nuestros mejores recursos humanos y financieros.

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