Agua para la paz es el lema bajo el que se celebra este 22 de marzo el Día Mundial del Agua. La escasez de agua potable que estamos padeciendo nos enfrenta a una realidad de niveles planetarios; con países, muchos de ellos entre los más empobrecidos, en que el agua está cada vez más en el centro de muchos conflictos intra o inter países. Cuando escribo estas líneas resuenan en mí las llamadas de atención de los agricultores a los que oía recientemente en una protesta en Sevilla reclamando agua, los mensajes gubernamentales ante la sequía que estamos padeciendo en España o las restricciones que ya se están imponiendo en algunas áreas metropolitanas de nuestro país.
La realidad de escasez de agua potable que estamos padeciendo, nos hacen experimentar con más cercanía la situación en la que viven muchas personas en nuestro planeta. Según las Naciones Unidas, más de 2200 millones de personas carecen de agua potable. Actualmente nos encontramos ante un aumento de la demanda del acceso al agua a nivel mundial debido al aumento de la población, así como al aumento del agua requerida para la industria y la energía.

Las aguas transfronterizas son fuentes de disputa entre países o regiones vecinas, la contaminación de los cauces provoca daños en los seres humanos y en el resto del ecosistema, provocando migraciones masivas y la desestabilización de muchas regiones en el mundo. El agua se ha convertido en un recurso geopolítico y económico
Del mismo modo, la gestión del agua es causa de múltiples conflictos. Las aguas transfronterizas son fuentes de disputa entre países o regiones vecinas, la contaminación de los cauces provoca daños con consecuencias negativas en los seres humanos y el resto de los elementos del ecosistema en puntos alejados de la fuente del vertido, la ausencia de agua provoca migraciones masivas y la desestabilización de muchas regiones en el mundo. En general cuando esto sucede, coincide con una percepción del agua como un recurso geopolítico y económico, que es usado para forzar los desplazamientos y para controlar a las personas. Un uso de este tipo provoca tensiones en el acceso al recurso y a su utilización como un instrumento para los conflictos entre los pueblos.
El agua, una causa de conflicto si se entiende como mero recurso económico, puede convertirse en motivo para la cooperación y la paz si se trabaja desde un enfoque ecosistémico (en línea con el último informe anual de Pedro Arrojo Agudo, Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento
Sin embargo, lo que puede ser causa de un conflicto si se entiende sólo como un mero recurso económico, puede convertirse en un motivo para la cooperación y la paz si se trabaja desde un enfoque ecosistémico. Así lo piensa el Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, el español Pedro Arrojo Agudo, en su informe a la Asamblea General del pasado año. En este informe, se apuesta por una gestión ecosistémica de los recursos hídricos que contribuyan al establecimiento y garantía de la paz. Desde esta perspectiva, el agua y su gestión puede contribuir a una dinámica de colaboración entre los países y regiones vecinas, posibilitando de esta forma el establecimiento de vínculos que propicien la paz entre los pueblos.
Jesús en su evangelio nos invita a trabajar por la paz y llevar la paz a otros. La relación de la paz con el cuidado del medio ambiente ha sido abordada tanto por Juan Pablo II (XLIII Jornada Mundial de la Paz) como por Francisco, que dedicó enteramente su encíclica Laudato sí al cuidado de la casa común, a denunciar la enorme correlación entre pobreza y acceso al agua, especialmente en África, los vertidos incontrolados y la tendencia a privatizar el acceso al agua y a especular con las infraestructuras
Los cristianos nos sentimos llamados a colaborar con estas iniciativas de promoción de la paz. Jesús en su evangelio nos invita a trabajar por la paz y llevar la paz a otros. Así nos lo recuerda en una de sus bienaventuranzas: “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt 5, 9a).
La relación de la paz con el cuidado del medio ambiente ha sido abordada por el magisterio de la Iglesia Católica en múltiples ocasiones. Fue objeto del mensaje del Papa Benedicto XVI en la XLIII Jornada Mundial de la Paz, en el cual nos recordaba el mensaje del Concilio Vaticano II: «Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos» (GS, 69), resuena en el día de hoy ese todos que no excluye a nadie.
En el mensaje del Papa Francisco también ha sido una constante el cuidado del medio ambiente abordado de una forma profética en Laudato si’ (LS). La cuestión del agua es tratada por Francisco en los puntos 27-31 de LS. En la encíclica Francisco alerta de la enorme correlación entre pobreza y acceso al agua, especialmente en África (LS 28), sobre la calidad de las aguas en ocasiones amenazada por vertidos incontrolados (LS 29), sobre la tendencia a privatizar el acceso al agua y a especular con las infraestructuras que la suministran (LS 30). No podemos dejar pasar la alerta que hace Francisco acerca de la relación entre el acceso al agua y a los alimentos (LS 31).
Los cristianos debemos comprometernos en apoyar aquellas iniciativas que favorezcan el acceso universal al agua, como ya lo hacen Cáritas y Manos Unidas con el 6º Objetivo de Desarrollo Sostenible (acceso al agua potable y al saneamiento). Este año el Día Mundial del Agua coincide con la Cuaresma, quizás nos ayude la propuesta de la Iglesia: el ayuno (de tantos recursos hídricos malgastados), la oración (que excede nuestras fuerzas y nos pone también en manos de Dios) y la limosna (en favor de organizaciones que propician el acceso universal a los recursos hídricos)
Los cristianos no tenemos excusas para no comprometernos en el cuidado de un recurso tan escaso y apoyar aquellas iniciativas que favorezcan un adecuado acceso en todos los lugares del mundo. Debemos comprometernos con el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6 dedicado al acceso al agua potable y al saneamiento. De hecho, algunas organizaciones católicas, como pueden ser Manos Unidas o Cáritas están comprometidas ya en esta tarea.
Este año el Día Mundial del Agua coincide con la Cuaresma, quizás nos pueda ayudar la propuesta de la Iglesia para estos días: el ayuno, la oración y la limosna. El ayuno de tantos recursos hídricos que malgastamos, y de aquellos bienes de consumo que requieren más agua para su fabricación o mantenimiento; la oración, porque constatamos que el problema que abordamos excede de nuestras fuerzas y debemos ponerlo también en manos de Dios, y la limosna, en favor de alguna de las organizaciones que en el desarrollo de su actividad propician el acceso universal a los recursos hídricos.
Ojalá la celebración de esta efeméride y del tiempo de cuaresma contribuyan a una verdadera conversión ecológica como constantemente nos invita el Papa Francisco.
