COP30: con pena y sin gloria

La 30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), celebrada en Belém (Brasil), tenía como principales objetivos establecer una hoja de ruta para garantizar el abandono progresivo de los combustibles fósiles -carbón, petróleo y gas-, crear un mecanismo para la transición climática adecuada, ordenada y justa, y decidir la financiación a los países en desarrollo para afrontar la crisis climática. Sin embargo, en el documento final ni siquiera se mencionan los combustibles fósiles, ni el establecimiento de la tan esperada hoja de ruta.

Sí se reconoce que, para limitar el aumento del calentamiento global de la tierra a 1,5 grados centígrados antes de fin de siglo con relación a la temperatura de la época preindustrial (1850-1890), es necesario reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 43% para 2030 y un 60% para 2035, en relación con los niveles de 2019, y alcanzar cero emisiones netas de dióxido de carbono para 2050. 

La COP30, con más de 50.000 personas inscritas, no ha supuesto ningún avance en la lucha climática sino “un acuerdo aguado, sin ambición”, “una resolución decepcionante”, “un fracaso estrepitoso”, “un retroceso”… En la COP30 primaron las presiones de las potencias petroleras y de los países dependientes de los combustibles fósiles, partidarios de retrasar, cuando no torpedear, la lucha contra la crisis climática. Curiosamente, aceptaron el recorte de las emisiones, pero no la reducción del consumo de combustibles fósiles. En definitiva, el documento final no incorpora medidas concretas ni compromisos claros referidos a los combustibles fósiles. 


La incontestable realidad

Según se señala el informe global 2025 publicado por The Lancet Countdown on Health and Climate Change, 2,5 millones de personas mueren en el mundo por la contaminación atmosférica causada por la quema de combustibles fósiles. La Organización Mundial de la Salud calcula que unos 3.500 millones de personas (el 42% de la población mundial) podrían estar viviendo en áreas altamente vulnerables al cambio climático. Los datos de Naciones Unidas apuntan a que, cada año, las pérdidas agrícolas causadas por desastres naturales se cifran en 100.000 millones de dólares, el equivalente al 4% del PIB agrícola mundial. “Cada año la emergencia climática provoca millones de desplazamientos forzados, hambre, muerte y devastación”, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

La evidencia científica y empírica sobre el cambio climático es indiscutible: la crisis obedece a las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por la quema de combustibles fósiles. Mientras, persiste el populismo negacionista apoyado en argumentos falsos y en intereses económicos.

De seguir la tendencia actual, el alza de la temperatura a final de siglo será de 2,8 grados, según las últimas estimaciones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). 

Las emisiones aumentan por el crecimiento de las actividades emisoras: las petroleras, las automovilísticas, las líneas aéreas, el transporte de mercancías por mar y carreteras, la agroganadería industrial, la moda, el turismo, las tecnológicas y sus centros de datos, los ejércitos…, más intensamente en los países del Norte global.

Temas pendientes

La COP30 ha dejado sin resolver muchos temas. Uno de ellos, la financiación para ayudar a los países en desarrollo para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, abandonar los combustibles fósiles y adaptarse al calentamiento global. Es sobradamente conocido que una minoría de países y empresas son responsables de la mayor parte de las emisiones, mientras las peores consecuencias recaen en quienes menos han contribuido. Si bien las responsabilidades son comunes, sobre los países ricos recae la mayor responsabilidad y deben asumir mayores compromisos. 

En el Acuerdo de París (2015) se estableció que los países ricos crearan un fondo de financiación climática anual que alcanzara en 2035 los 100.000 millones de dólares para ayudar a los países en desarrollo. Ese fondo no se creó. En la Cumbre de Bakú, Azerbaiyán (2024), se expresó el deseo de elevar el monto a 300.000 millones (los países del Sur Global pedían un mínimo de 500.000), incluso se llamó a movilizar 1,3 billones. En la COP30 se ha reiterado el mismo planteamiento. Un brindis al sol. 

Otro tema pendiente se refiere a una de las principales tareas de la COP: la de revisar los compromisos nacionales de reducción de gases de efecto invernadero establecidos en el Acuerdo de París. Solo 79 países presentaron sus planes antes de la COP30, y los presentados se quedaban muy cortos. Los países planifican la producción de combustibles fósiles “como si la crisis climática no existiera”, sostiene el PNUMA, lo que hace imposible mantener la estabilidad climática en el planeta. En el documento final de la COP30 ha desaparecido la revisión anual de los planes climáticos nacionales.

De nuevo, quedaron aplazadas decisiones clave relativas a la necesaria transición energética justa, la protección y restauración de los ecosistemas; no se plantearon medidas para dejar de subvencionar a los mayores contaminadores, no se establecieron gravámenes para los extraordinarios beneficios de las empresas petroleras, ni se limitó la influencia política de las grandes corporaciones de combustibles fósiles.

Iniciativas colaterales

Al calor de la COP30, sin formar parte de las negociaciones, han surgido varias iniciativas. 

  • El “Fondo de Bosques Tropicales para Siempre”, un fondo de inversión impulsado por Brasil para conservar más de 1.100 millones de hectáreas de selvas tropicales en 73 países en desarrollo. 

  • La Cumbre de los Pueblos reunió a movimientos sociales de todo el mundo que debatieron propuestas centradas en la agenda climática, en paralelo a la COP30. 
  • Pueblos contra el Extractivismo es una “alianza internacional de comunidades indígenas, campesinas y organizaciones sociales que denuncian lo que califican como una falsa transición verde promovida por gobiernos y corporaciones”. 

¿Qué queda de la COP30?

La sensación de haber sido otra oportunidad perdida. De nuevo, los intereses económicos se antepusieron a la urgencia climática que, en definitiva, afecta a la humanidad entera. 

Conviene destacar que en las tareas de la COP30 participaron más de 1.600 lobistas de compañías productoras de combustibles fósiles, las que año tras año aumentan su producción y están vinculadas al 80% de las emisiones. ¿Tiene sentido su presencia en una cumbre en la se denuncian los productos que a ellos les enriquecen? ¿Puede solucionarse un problema empoderando a quienes lo han causado? ¿No es una burla su presencia habiendo renunciado a sus compromisos climáticos?

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