El 21 de septiembre de 2025, dos días antes de la Asamblea General de la ONU, varios países de los llamados occidentales reconocieron el Estado Palestino, pero sobre el terreno no está quedando nada reconocible como tal.

Gaza lleva dos años siendo arrasada y demolida mediante un genocidio planificado, anunciado, que se ha llevado por delante la vida de más de 65.000 palestinas y palestinos. La cifra ha sido elevada a diez veces más por Francesca Albanese, relatora especial para los Territorios Palestinos ocupados, que recoge estudios de prestigiosas entidades basados en análisis de genocidios y conflictos anteriores.
La reacción de prácticamente todos los países del mundo ha estado entre la pasividad y el colaboracionismo indirecto o directo para que Israel pueda llevarlo a cabo, financiándolo y alentándolo. Es sangrante que uno de los países que tiene mejor consideración internacional, y que desde hace una semana habla abiertamente de genocidio, haya sido el mayor comprador de armas a Israel durante el primer semestre de 2025, y tenga concedidas licitaciones con empresas armamentísticas israelíes por valor de más de mil millones de euros desde el 7 de octubre de 2023. Ese país es España.
La tenacidad de la sociedad civil está forzando a dar pasos y ha dado frutos alentadores
En todo caso, son esperanzadores los pasos que se están dando en dirección a evidenciar la masacre ejecutada y la necesidad urgente de ponerle fin.
Sin cejar desde hace dos años, pero especialmente durante los últimos meses, la tenacidad de la sociedad civil está forzando a dar pasos en ese sentido y ha dado frutos alentadores revirtiendo fuerzas que parecían no poder doblegarse: la toma en consideración de la proposición de ley para el embargo de armas a Israel, el boicot total a la Vuelta Ciclista o la no participación en Eurovisión si no se expulsa a Israel. Pero, sobre todo, ha vencido la resistencia, la solidaridad y la apelación al respeto de los derechos humanos frente a declaraciones vacías del Gobierno, sin efecto práctico contra el genocidio y la ocupación, y que por la puerta trasera se convertían en refuerzo del apartheid.
En España y en muchos otros países del mundo se han ido generando sinergias que buscan nuevas acciones internacionalistas y reforzar otras usadas durante años para acabar con la impunidad del sionismo.
Una de esas campañas tuvo lugar el pasado mes de junio cuando más de 4.000 personas de 80 países llegaban a El Cairo con la intención de dirigirse a El Arish, en el Sinaí, para caminar desde allí hasta la frontera de Rafah pidiendo el fin del genocidio y la apertura total del paso fronterizo que permitiera la entrada de los miles de camiones que se acumulan a las puertas de un campo de exterminio llamado Gaza, territorio donde la ONU declaró oficialmente la situación de hambruna el pasado 22 de agosto.
Lamentablemente esa acción no pudo llevarse a cabo, a pesar de haber solicitado los permisos requeridos por el gobierno egipcio y por los cauces señalados. Durante la llegada de las participantes se ejecutaron retenciones y deportaciones en el aeropuerto de El Cairo, en los hoteles y por la calle. El intento de salir en masa el 13 de junio hacia el Sinaí fue detenido por las autoridades de la dictadura egipcia.
Una acción de ese calado, partiendo de gente común, solo se explica por la necesidad imperiosa de hacer algo para detener el sufrimiento en Gaza
A esa acción se iba a sumar una caravana humanitaria del norte de África y la llegada del barco Madleen de la Flotilla de la Libertad. La caravana tuvo que regresar a Túnez por problemas de seguridad en Libia y el barco Madleen fue asaltado violentamente en aguas internacionales por Israel. Se hizo un llamamiento mutuo desde y hacia las tres campañas para encontrarse en Túnez y compartir sinergias. Las derrotas en esas acciones solo evidenciaron las ganas de volver a intentarlo: fracasar de nuevo, fracasar mejor.
Allí surgió la Global Sumud Flotilla, que en apenas dos meses ha puesto en navegación 50 barcos en los que más de 400 personas de decenas de países navegan en estos momentos rumbo a Gaza. Una acción de ese calado y con esa complejidad, partiendo de gente común de todo el mundo, solo se explica por la necesidad imperiosa de hacer algo para detener el sufrimiento en Gaza: niñas que lloran la muerte de sus padres, madres que lloran las muertes de sus hijos; familias enteras sin nadie que les pueda llorar porque todos están muertos. Eso se hace insoportable pensando en la sola idea de ver a nuestros propios hijos e hijas pasando por esos trances. A partir de ahí, con dificultades, errores, tiempo y ganas se pudo salir navegando del puerto de Barcelona el 31 de agosto.
Entre las participantes hay nombres conocidos como Greta Thunberg o Ada Colau, diputadas, europarlamentarios, pero sobre todo gente común que podría ser la vecina o vecino de cualquiera: jubiladas, sindicalistas, veteranos de ejército o artistas.
Nueve días después de iniciar la navegación, estando fondeados frente al puerto tunecino de Sidi Bou Said, los barcos Family y Alma fueron atacados con drones que lanzaron artefactos incendiarios. Un estudio de vuelos de aviones israelíes hacia Sicilia y Malta evidencian que Israel lanzó esos ataques usando espacio aéreo y suelo de dos países de la Unión Europea. Los barcos civiles con ayuda humanitaria navegan con Gaza como destino declarado, y con la exigencia de apertura de fronteras y fin del genocidio como objetivo. Sin embargo, Israel no sólo atentó en Túnez contra la Flotilla a 1.300 millas náuticas de sus costas, sino que la madrugada del miércoles 24 volvió a hostigar junto a las aguas territoriales de Creta a buena parte de los barcos mediante incesantes vuelos de drones, llegando a atacar con bombas sónicas y lanzamiento de diversos objetos con sustancias peligrosas.
Desde que en 2008 comenzaron las acciones civiles navales contra el bloqueo de la Franja de Gaza, ningún gobierno había brindado protección a esos barcos frente a las amenazas de Israel. El mismo día del último ataque, primero Italia y más tarde España anunciaron el envío de sendas fragatas para proteger y auxiliar a los barcos en su navegación hacia Gaza.
Gaza no se convertirá en un resort, sino que más pronto que tarde se reconstruirá el hogar palestino bajo la misma resiliencia que han demostrado en más de 78 años de amenaza sionista
Este es un paso muy importante que, como tantas cosas fundamentales para la protección de derechos, solo ha sido posible con la movilización popular y la constancia para no parar hasta conseguir los objetivos.
Este texto se escribe cuando aún quedan por delante varios días de navegación y sigue la incertidumbre de qué otras dificultades tendrá que vencer la Global Sumud Flotilla para llegar a Gaza. Vamos a llegar, en este u otros intentos, y lo que se verá es la destrucción total de infraestructuras, pero no de un pueblo. Gaza no se convertirá en un resort, sino que más pronto que tarde se reconstruirá el hogar palestino bajo la misma resiliencia que han demostrado en más de 78 años de amenaza sionista a su existencia.
