La IA: sí, pero no de cualquier manera

A lo largo de nuestra historia reciente, han sido dos las tecnologías que nos han cambiado la manera en la que nos relacionamos con el mundo: Internet y las tecnologías de movilidad. La Inteligencia Artificial es la tercera, y aún no sabemos dónde nos llevará.

Cada cierto tiempo, que no suele ser corto, la evolución tecnológica se acelera de golpe en unos momentos que los expertos denominan disruptivos.

Tengo una edad y una profesión que me ha permitido seguir muy de cerca muchos momentos estelares de la tecnología y vivirlos desde dentro.

A mi juicio, desde la segunda mitad del siglo pasado, sin quitar importancia a avances técnicos importantísimos en otras muchas ciencias, ha habido dos tecnologías disruptivas dignas de tal nombre, por lo que han supuesto de transformaciones en la sociedad, y que nos han cambiado la vida.

Me refiero a Internet y las tecnologías de movilidad. A cualquiera le resultaría difícil pensar cómo podría ser (como lo fue un día) la vida sin móviles, wifi, bluetooth, navegadores, buscadores…sin poder acceder a golpe de tecla al repositorio de información y conocimiento de nuestra época.

Y ahora está irrumpiendo otro de esos momentos que va a cambiar profundamente lo que hacemos, cómo lo hacemos y, posiblemente, hasta lo que podamos llegar a ser, pues todavía estamos muy lejos de imaginar el potencial de esta nueva tecnología.

Me refiero, por supuesto, a la Inteligencia Artificial (IA), una tecnología que lo atraviesa todo: nuevos chips, aplicaciones y potentes algoritmos, y nuevas máquinas y herramientas que todavía no han nacido o ni siquiera tienen nombre, pero que están a punto de surgir.

Esta tecnología mixta, híbrida, transversal, o como queramos o sepamos definirla, viene para quedarse en nuestras vidas. Y sí, va a ser muy relevante.

Los seres humanos nos caracterizamos porque todo lo que creamos lo vamos a utilizar y a pretender evolucionarlo y mejorarlo. El caso de la IA no es una excepción y representa ya una formidable revolución tecnológica, económica y social.

Los recursos humanos, técnicos y financieros puestos en marcha y los que seguirán son estratosféricos. Según el informe McKinsey Technology Trends Outlook 2025, la inversión global en IA alcanzó los 124.300 millones de dólares en 2024 y las proyecciones indicaban que superaría el billón de dólares en 2025 (cifras similares al Producto Interior Bruto de países como Arabia Saudí y Países Bajos y casi dos terceras partes del PIB español).

La producción, gestión y ordenación de ingentes cantidades de datos están en la génesis de esta tecnología. Ellos son su gran fortaleza y también su debilidad: los datos se pueden manipular o, simplemente, estar sesgados por motivo de raza, país, origen social, género, etc.

Son indudables las ventajas que posee ya: en telemedicina, nuevos fármacos, desarrollo de software, creación y difusión del conocimiento… y los que, sin duda, vendrán.

Pero la IA tiene asimismo su propia crónica negra, un lado oscuro, como la reciente muerte de dos adolescentes tras mantener unas relaciones supuestamente humanizadas con el algoritmo, la proliferación de contenidos automáticos para la manipulación y la desinformación o el aumento del pirateo informático.

Ante estos efectos, más de un centenar de científicos, incluidos premios Nobel y Turing, intelectuales, empresarios y dirigentes políticos, han realizado una “petición urgente para establecer líneas rojas que eviten aquellos riesgos inaceptables de la IA”, llamamiento que ha sido llevado a la última Asamblea General de la ONU.

Desde la tecnofobia o la tecnofilia, se intentará copar el debate y atraerlo a sus posiciones, polarizando aún más el discurso. Sin embargo, un debate social honesto y abierto es fundamental para el desarrollo sano de esta potente tecnología.

Los ciudadanos han de contribuir a él como parte imprescindible, participando en su crecimiento y equilibrando objetivos para evitar, minimizar o, dado el caso, gestionar sus riesgos. Coaliciones como la plataforma IA Ciudadana, compuesta por 17 organizaciones de la sociedad civil, están pidiendo al Gobierno la creación de un Registro Central de Algoritmos «transparente y accesible» para evitar «discriminaciones» de la IA.

La IA, pues, va a seguir acelerando la velocidad del cambio social y la ciudadanía, conscientemente o no, conviviremos con ella. Entonces, bueno será que la sociedad civil en su conjunto participe para que sus avances transiten por caminos lo más juiciosos y provechosos posibles.

Autoría

  • Luis Miguel Uriarte de los Santos

    Nací en Madrid, donde resido, el 17 de agosto de 1957. "De ciencias" (ingeniero de Telecomunicación /consultor/investigador) y "de letras" (lector/ escritor/ estudiador voluntarioso de muy diversas disciplinas) o quizá, sencillamente, alguien "con curiosidad". Actualmente jubilado, trabajé por más de 20 años enTelefónica y en otras empresas del sector de las Tecnologías de la Información, actualmente estoy en la Junta Directiva de la Asociación Alandar, que edita la revista de información social y religiosa, ahora plenamente digital. Pertenezco a la Comisión permanente de Redes Cristianas y colaboro con el Grupo de Investigación de Organizaciones Sostenibles de la ETSII. He colaborado con la ONG Aula de Solidaridad desde su fundación en el año 2000, de la que fui presidente, así como con la ONG Energía sin Fronteras, en la que he participado en numerosos proyectos. En paralelo, mi poesía ha ido apareciendo en diversas revistas y difundida en diferentes recitales y eventos. He publicado cinco libros de poemas: Como flores en un laberinto (1996) (Ópera Prima), Antes del recuerdo (2008) (Edición Personal- Ópera Prima), Por caminos inciertos (2014) (Opera Prima), Hebras de Aire (2016) (Editorial Monte Carmelo) y Hebras de Aire (2018) (Diversidad Literaria). Otras publicaciones: La responsabilidad social empresarial. Oportunidades estratégicas y de recursos humanos en Pirámide –Anaya (2010) (junto a A. Moreno y G. Topa). Participación en dos libros colectivos de la Real Academia de Ingeniería: Tecnologías para el Desarrollo Humano de las Comunidades Rurales Aisladas (2011) y La Contribución de las TIC a la Sostenibilidad del Transporte en España (2009) y diversos artículos en revistas especializadas.

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