Mujeres sin espejos y lectura de la Biblia con ojos de mujeres

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Foto. Iglesia Bautista de Lakewood.Mujeres sin espejos son aquellas mujeres que despiertan a una nueva conciencia de sí y del mundo en el que viven. Es una metáfora nacida en espacios de espiritualidad, donde las mujeres hemos aprendido a leer e interpretar la Biblia con ojos de mujeres. Decimos con ojos de mujeres, porque la neutralidad no existe, porque nuestro cuerpo sexuado en femenino siente, piensa, desea y actúa de manera diferente al cuerpo sexuado del varón.

En las prácticas de Lectura Popular de la Biblia con ojos de mujeres, nacidas en el tejido más amplio de la teología de la liberación en América Latina, hemos aprendido a leer el texto sagrado de nuestra vida en diálogo creyente con el texto sagrado de la Biblia. Nos tomamos en serio la invitación del método vida-texto-vida y para eso partimos de nuestra realidad de lectoras abriendo espacios de narración y escucha de la propia experiencia. Ponemos en el centro nuestra vida, aceptamos la autoridad que circula cuando cada una dice su propia palabra, la integra con las del grupo y así generamos nuevos significados. Cuando una mujer, en presencia de otras mujeres, en diálogo crítico con la Biblia, parte de sí, toma la palabra y narra su historia acontece en ella un “nuevo nacimiento.” Reinterpretarse es como “hacerse a sí misma de nuevo” y, al mismo tiempo, rehacer el mundo. El “círculo hermenéutico sexuado en femenino” es lugar teológico posible donde acontece lo divino. De ahí su eficacia transformadora.

Las mujeres sin espejos son las que despiertan -cansadas de esforzarse por adecuarse a lo establecido para ellas o de soportar la violencia- y dicen ¡basta! No es una queja o una protesta estéril. Al contrario, el malestar, cuando se comparte, se discute, se critica y analiza, se convierte en energía creativa para el cambio. Decir “no tengo espejo” es ponerle nombre, a tiempo, a la inadecuación y el desajuste, entre lo que las mujeres desean y esperan vivir y lo que los mandatos sociales les asignan como roles predeterminados a cumplir en las diversas situaciones de vida cotidiana. Esta insatisfacción produce síntomas que van desde la queja cotidiana hasta padecimientos y trastornos más graves de la salud integral. Acontecen cuerpos de mujeres cansadas, dobladas, enfermas, sin capacidad de movilidad y expresión creativa, temerosas de decir lo que piensan, adaptadas a la violencia para sobrevivir. El deterioro de los cuerpos femeninos es una textura silenciosa donde se anclan cotidianamente los desequilibrios sociales.

Una expresión del desequilibrio es la ausencia de espejos significativos, recíprocos, dialogantes. Puede ser la ausencia de un varón como interlocutor válido, o también, convertido, por la violencia que ejerce, en el peor enemigo para sí mismas y para sus hijos e hijas. Puede ser también, ausencia de madres, hermanas, vecinas y amigas, compañeras de estudio o trabajo, que no siempre son aliadas en estos procesos para dialogar, recrear y reiniciar la vida.

En estos espacios de Lectura Popular de la Biblia, las mujeres no son juzgadas de antemano, sino recibidas y aceptadas. Descubren la sabiduría de Dios que las está buscando, que hace nuevas todas las cosas y quiere la vida plena y la libertad y el gozo de sus criaturas. Es en medio de esta confianza en la propia verdad que muchas se atreven a reconocer: “Ya no tenemos espejos donde mirarnos,” “los espejos que teníamos ya no nos sirven,” “aun sin espejos queremos seguir adelante,” “¿no habrá otros espejos donde mirarnos?”.

Estas buscadoras se parecen a aquella mujer encorvada que se hace presente un sábado en la sinagoga. Con su cuerpo encorvado parecía decir “no tengo espejo.” Al verla, Jesús piensa con ella, al llamarla dialoga con ella, al imponerle sus manos es enderezada. Al alabar a Dios, ella refleja la fe de su pueblo.

Nuestra vida cotidiana es un juego de espejos, ausentes y presentes, como fue aquel sábado para la mujer. El deseo de crear nuevas posibilidades de vida nos está llevando a muchas a buscar un camino de espiritualidad en diálogo con la Biblia, que nos gusta llamar “holística.” “Holística” porque queremos unir el cuerpo y el alma, sentimientos e ideas, lo social y lo religioso, la inteligencia y la fe, lo privado y lo público, la vida cotidiana y la acción política, porque sabemos por experiencia que juntas hacen a la complejidad de la vida humana.

He visto en estas prácticas de espiritualidad holística que las mujeres se sienten sanadas en sus cuerpos, legitimadas en su conciencia, enderezadas. A partir de ahí, enderezan el mundo. Recuperan la alegría de vivir y se trascienden a sí mismas tomando decisiones vitales para ellas y yendo más allá de la propia familia. Las mujeres enderezadas por Dios, a través del poder de la palabra femenina que autoriza y legitima, son generadoras de nuevos círculos de autoridad, de resignificación de la fe y de acción política.

Hay muchas formas de ser espejo para las mujeres sin espejos. Podemos formar círculos de mujeres en búsqueda y transformación. Romper los círculos de silencio que evitan comprometerse con las que sufren la violencia en cualquiera de sus formas. Y también, podemos comenzar por la acción tan cotidiana y al alcance de todos como es el lenguaje. El lenguaje cotidiano no es espejo cuando dice con rodeos: “violencia de género” o “violencia doméstica.” Es un pecado que clama al cielo y que exige denuncia y compromiso con las víctimas y los victimarios. Los referentes sociales (educadoras/es, sacerdotes o religiosas, médicos, los medios de comunicación, etc.) pretenden solidarizarse, pero: ¿no no se dan cuenta de que con esas frases siguen invisibilizando a las mujeres condenándolas a seguir siendo víctimas? Porque, “género” no es igual a mujeres; es sólo una categoría de análisis para explicar cómo la sociedad determina significados, roles y comportamientos sociales para varones y mujeres. Una acción política “especular” sería denunciar claramente la “violencia contra las mujeres” y educar preventivamente para evitarla. No más violencia y más espejos para otro mundo posible.

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