«Insisto en que pienso seguir caminando»

Hace tres años, como cierre del último número impreso de Alandar, les ofrecimos una exclusiva mundial: una entrevista con la Tortuga Lentilla, que ha acompañado la vida de la publicación casi desde su fundación. Tres años después, nuestra mascota-emblema nos ha vuelto a recibir para hablar de uno de los más altos acontecimientos que vieron los siglos: el 40 aniversario de la revista.

El aspecto de Lentilla, la tortuga de Alandar, tras cuatro décadas de vida, se adapta con unas gafas que le permiten afinar la vista.

Pregunta.- Esta vez, no ha sido tan difícil pillarla.

Respuesta.- Bueno, ya les dije hace tres años que las tortugas somos de naturaleza tímida y tendemos a refugiarnos en nuestro caparazón, como bien saben. Pero, bueno, aquella experiencia fue bastante positiva, ustedes no tergiversaron mis palabras -como a veces hacen los periodistas- y, en fin, me ha sido más fácil ponerme en disposición de hablar con ustedes.

P.- Muy agradecidos. Tergiversar sus palabrasNunca haríamos eso.

R.- Ustedes no, claro. Son –somos, si me permite incluirme– un medio independiente. Humilde, sin duda, pero sin trampa ni cartón. No hay nadie detrás de Alandar más que nuestros socias y socias (por cierto, si alguna persona que lea esto no nos apoya todavía, le invito a que lo haga y se una a esta pequeña familia).

P.- Hace tres años convinimos en que la mejor manera de dirigirse a usted era como Tortuga Lentilla. ¿Sigue siendo esta su preferencia?

R.- Por supuesto. ¿Por quién me toma? Soy una tortuga de principios -a diferencia de algunas personas-. Sobre todo, porque mi velocidad motriz no me permite ser de finales. Ya llegarán, ya. Tampoco hay prisa, ¿cierto?

P.- ¿Se refiere a la revista? No, en absoluto, nada de finales. La gente de la Junta Directiva y del Consejo de Redacción somos pocos, pero bien avenidos y firmes en nuestro propósito de seguir adelante con la revista. Pero volviendo a nuestra pregunta de antes, quería disculparme si le ha molestado. Es que ya sabe, ahora todo es tan fluido, tan líquido

R.- Bueno, imagino que Alandar prefiere las cosas fluidas o líquidas a aquello de tener todo “atado y bien atado”. Yo soy una tortuga y no tengo mucha flexibilidad para algunas cosas, pero tengo un pecho muy grande con un corazón en el que hay hueco para muchas cosas. Ejem… Tal vez sea la edad, pero siento que me estoy desviando del tema.

P.-  Si, nos hemos perdido un poco. Volvamos al principio. Ya se lo preguntamos hace tres años, pero, por si alguien se perdió aquella entrevista, nos gustaría que nos contase cómo se produjo su nacimiento.

R.- Es una pregunta que me pone un tanto melancólica, porque mi creadora, la increíble Pilar Barbazán, nos dejó hace ocho años. Estuvo en Alandar desde casi los inicios de la revista y fue una gran luchadora por un mundo más justo, fuera cual fuera el sombrero que llevase puesto: artesana, teóloga, activista, feminista, periodista… Era una verdadera fuerza de la vida.

P.- Siento haberle puesto triste, pero estoy seguro de que muchos lectores sienten curiosidad acerca de las circunstancias de su llegada al mundo.

R.- Bueno, la tristeza forma parte de la vida. Más aceptación y menos Prozac. Las circunstancias… Evidentemente, yo no las recuerdo del todo bien. Era muy joven, claro, jajaja. Pero Pilar y otros buenos amigos de Alandar me contaron que, como todo lo que tiene que ver con las tortugas, mi proceso de alumbramiento fue lento. Se empezó a hablar de una tortuga como símbolo de Alandar casi desde los inicios de la revista. Pilar Barbazán hasta me dibujó y me esculpió una escultura de papel maché con hojas de la revista. Sin embargo, no fue hasta enero de 1988 en que me convertí en chica Alandar y empecé a aparecer en la portada de la revista. Totalmente desnudita. Mucho mejor que la Marisol en Interviú. ¡Dónde va a parar!

P.- Era una gran historia hace tres años y sigue siéndolo ahora. Entonces también nos contaba que había sido un gran honor para usted haber sido la mascota de Alandar durante tantos años.

R.- Indudablemente. Ha sido la razón principal de mi vida, y sigue siéndolo. Y, como les decía entonces, no pienso dejarlo, quiero seguir caminando. Siempre me he sentido muy cerca de la gente de Alandar, especialmente de la gente que trabaja en la cara oculta de esta luna. Gente como Ana, Amalia o Quechu, que han cuidado de las tareas administrativas. O como Salva y Pilar, que han cuidado de las financieras… Y, por supuesto, sus suscriptores y suscriptoras (ahora socias y socios), que son una de las comunidades más fieles que conozco. Y me ha hecho mucha ilusión que mi efigie estuviese presente en las entregas de premios, que encabezase la página web y la cabecera de la revista. Me ha hecho sentirme parte… bueno, sentirme parte de una comunidad, que creo que es lo único que nos puede salvar en esta sociedad tan individualista que habéis creado últimamente los seres humanos. Deberíais repensar eso un poquito.

P.- Bueno, hace tres años ya decíamos que esa ha sido siempre la intención de Alandar: ponerle algo de comunidad, humanidad y esperanza a la vida, incluso cuando los tiempos son grises y oscuros, como estos últimos años.

R.- Lo sé, lo sé. Y creo que lo estáis –lo estamos– consiguiendo. Sin grandes alaracas, sin acaparar titulares –más allá de los de le revista, claro–. Creo que en estos tres años desde que no hablamos, Alandar ha estado donde había que estar y con quien había que estar. Ha estado preocupada por el planeta y denunciando el saqueo de la vida del planeta en favor del beneficio económico; ha estado apoyando el movimiento feminista, dentro y fuera de la Iglesia; ha estado reivindicando la humanidad y los derechos de las personas que llegan de lejos huyendo de horrores o, simplemente buscando mejores condiciones de vida y ha estado, por cerrar esta lista de ejemplos, denunciando el drama de los abusos sexuales a menores –bueno, no solo a menores– dentro de la Iglesia. En este tema, de hecho, sí que salimos en los papeles, cuando denunciamos, junto con otros colectivos cristianos, ante la misma Conferencia Episcopal Española su hipocresía y falta de humanidad en este tema.

P.- ¡Qué bueno saber que su valoración de la trayectoria de la revista es tan positiva! Muchas gracias por la parte que nos toca. Oiga, y al mundo, ¿cómo lo ve? Hay mucha nube negra por ahí, ¿no? A veces, resulta difícil mantener la esperanza.

R.- Dejadme repetiros lo que os decía hace tres años al respecto. Mira, las tortugas caminamos a ras del suelo. Eso nos sirve para no perder contacto con la realidad y para no perder la cabeza con ambiciones desmedidas. Tenemos mucha dignidad, pero poco ego. Por otro lado, como te comentaba, vamos lentas, pero seguras. Sabemos que la prisa no es buena para las cosas importantes, que los buenos guisos se cocinan lento y que los verdaderos logros en la vida requieren de paciencia. Otra cosa que las tortugas hacemos mucho es mirar hacia adentro, meternos dentro de nuestro caparazón para pensar cómo caminar de acuerdo con nuestro pensamiento y nuestro sentimiento, obedeciendo a nuestro corazón y a nuestra razón. Eso es algo muy necesario en estos tiempos de tanto Twitter loco que nos despista y nos ofusca. Y creo que Alandar también intenta cuidar eso, propiciando reflexiones serenas y el contacto con lo espiritual, con el misterio que, a fin de cuentas, es la esencia de la vida. Porque, por muchas preguntas que nos hagamos, siempre la razón última de todo esto se nos escapa. No podemos comprender ese misterio último. Solo podemos contemplarlo.

P.- Se ha ido por la tangente. Es lindo todo lo que dice, pero hace tres años teníamos encima el coronavirus, la desigualdad, Donald Trumpy ahora está además la guerra de Ucrania, el último horror en Palestina

R.- Mira, de esas cosas, algunas han sido superadas en solo tres años, aunque es verdad que otras siguen ahí como amenaza o realidad. Ya entonces comentaba que yo solo soy una tortuga y lo que sé hacer es caminar a mi ritmo. Creo, hoy como ayer, que tenemos que seguir andando. Si me dejas ponerme un poco poética y citar a un cantautor cubano: “vamos a andar, en verso y vida tintos, levantando el recinto del pan y la verdad. Vamos a andar, atando el egoísmo para que, por lo mismo, reviva la amistad. Vamos a andar para llegar a la vida”. Pues eso.

Autoría

  • Juan Ignacio Cortés

    He sido muchas cosas en la vida (hasta trabajé en una fábrica cuando el periodismo no me daba para vivir), pero sobre todo me considero alguien a quien le gusta escuchar y contar historias. Algunas de las historias que me contaron para que las contase las recogí en dos libros: "Historia del Brasil" y "Lobos con piel de cordero. Pederastia y crisis en la Iglesia Católica". Desde que en primera adolescencia (creo que voy por la tercera, aunque me estoy quitando) leí "Cien años de soledad" quise ser Gabriel García Márquez. Aunque por supuesto no lo he conseguido, por el camino conseguí viajar numerosas ocasiones a América Latina y algunas a África; escribir reportajes sobre Brasil, Ecuador, Cuba, Chad o Mozambique y trabajar para una organización de derechos humanos a la que respeto mucho y para las Naciones Unidas. En el campo de la cultura, fui parte del equipo político de la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha y del equipo de prensa del Círculo de Bellas Artes. Hablando de guerras y otras injusticias, soy de los que pienso que las cosas tienen que cambiar, aunque es difícil que lo hagan.

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